Tips Geológicos

Puerto de la Cruz está en un punto estratégico del norte de Tenerife; cerca de todo lo que no querrás perderte durante tu estancia en la isla.

 

Su historia es la historia del viaje y de los viajeros. Conocerla es descubrir una ciudad con identidad propia, que es a su vez un resumen del mundo. ¡Aquí empezó el Turismo!

 

Puerto de la Cruz se asienta en el frondoso Valle de La Orotava, una gran depresión de aproximadamente 150 kilómetros cuadrados, tapizada de viñedos y fincas de plátanos, que fue creada por un deslizamiento volcánico hace millones de años.

 

Su costa, como ocurre en todo el norte de Tenerife, es acantilada, sobre todo en Punta Brava y Martiánez. Esto no quiere decir que no puedas disfrutar de las imponentes vistas al acantilado desde una playa de arena, o darte un tranquilo baño en el muelle entre barcas de pescadores.

 

Sus 8,73 kilómetros cuadrados convierten al Puerto en el municipio más pequeño de Canarias y te harán pensar en lo bien aprovechado que está cada uno de sus metros: complejos turísticos, parques de ocio, playas, jardín botánico, barrios residenciales…

 

La ciudad se sitúa en el corazón del norte de Tenerife, la cara más auténtica y que mejor ha sabido conservar las tradiciones y el ritmo de vida de la isla. Si tu plan es recorrerla para empaparte bien de su cultura y sus atractivos naturales, ten en cuenta que el Puerto está muy cerca (a una media hora en coche) de tus imprescindibles; entre ellos, dos que son Patrimonio de la Humanidad: el Parque Nacional del Teide y la ciudad de San Cristóbal de La Laguna.

 

Paisaje volcánico de Tenerife
Relieve de Puerto de la Cruz y Valle de La Orotava
Montaña de Las Arenas

Pero, para comprender bien la naturaleza de esta tierra y de su gente, debes saber que su presente está ligado a la historia del viaje, al intercambio entre culturas y al turismo.

 

El pequeño refugio pesquero se convirtió en el punto de entrada a la Isla en el siglo XVIII; escala casi obligatoria en las rutas comerciales de Europa con América y África. El vino, fue el principal motor de desarrollo en los inicios, y trajo consigo prosperidad y, cómo no, también algunas sombras.

 

Los primeros excursionistas llegaron en el siglo XIX a bordo de los vapores de las compañías fruteras; buscaban disfrutar del buen clima y del paisaje, tan exótico y atractivo. Junto a éstos, llegaron científicos y cruceristas, en su paso hacia otras latitudes. Muchos se quedaron. ¡Cómo no iban a hacerlo! Este asentamiento de familias influyentes convirtió a Puerto de la Cruz en una de las ciudades más importantes de Canarias, sobre todo en la época de la Ilustración.

 

A finales del siglo XIX comenzaron a surgir las verdaderas iniciativas turísticas; se construyen hoteles, el balneario… Puerto de la Cruz es el destino elegido por los británicos para recuperarse de afecciones respiratorias y otras dolencias del cuerpo y el espíritu. Comienza entonces una época en la que grandes personajes de la ciencia, la política o la cultura europeas dejan su huella en la ciudad y sus habitantes.

 

La gran transformación llegó después, con el boom del turismo, en los años cincuenta.  Puerto de la Cruz es declarado “Lugar de Interés Turístico” y, desde entonces, se la conoce con el sobrenombre de “La Ciudad Turística”.

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